martes, 16 de junio de 2009

Y de pronto.....



Años extraños se suceden a los años uniformes y vacíos.... de pronto la sorpresa de lo inaudito irrumpe en los minutos de un sábado.... un sábado desordenado y bullicioso, con cascabeles, pasteles y café.

De pronto aparece el extraño resplandor de su sombra y la risa traviesa de la aventura ... los minutos entonces se vuelven tan lentos y complejos, que sólo un oleaje de palabras atolondradas calma el momento de tensión.... toma el café para contagiarse del calor y me sorprendo en el mismo gesto inconciente.... luego vienen los libros, los viajes y hasta el Che aparece en el medio... quien iba a saber que la pobreza de los barrios cubanos, los ocho años de separación, y la indiferencia de los hijos que crecen iban a hacernos cómplices de una noche de sábado.

domingo, 22 de febrero de 2009

El que era mi barrio

( Fotos de la web, casona de unas hermanas aristócratas en calle Victoria, un
incendio la destruyó)


La barraca de calle Chacabuco bulle en la mañana de ruidos, sierras, voces, ajetreos, olores a coigue, raulí y cedro...Un chispazo de memoria me duevuelve a los plácidos años escolares.
El Sr. Ewitt era un viejito taciturno y afeminado, parecía un conde perdido en sus pañuelos de seda y sus ternos italianos, escribía con pluma de tinta y se perfumaba en Casa Flaño, no me cuadraba esa imagen con las clases del taller que nos impartía; en medio de un salón abadonado y mohoso, debíamos aserruchar maderas, comprimirlas en tornos, lijarlas hasta el cansancio, sacarles su belleza... " siga la veta...." nos decía como si puliéramos ébano. Nos hacía comprar en la Botica Victoria tierras para teñir: nogal, laurel, cerezo, cientos de opciones. A veces escuchábamos a Wagner o Bach en su taller. Comprábamos gomas de colores, compases y grafitos en la librería Milán, una pequeña tiendita de útiles escolares donde podíamos transar bolitas de vidrio por pequeños y adorados sacapuntas.

Caminaba todos los días a mi casa en calle Victoria; entonces el Hospital Deformes se alzaba triste y resignado de su próximo destino: la demolición. En sus puertas, seres dolientes entraban y salían buscando sanación.
Los domingos tocaban las campanadas de la Iglesia Los Doce Apóstoles llamando a la misa matinal, mi abuela nunca pisó una iglesia, pero se levantaba con las primeras campanadas a preparar el almuerzo dominical con devoción de ritual, previamente ya había comprado todos los ingredientes en la Feria de la Avda. Argentina, donde había discutido con sus caseros sobre el precio de las papas y las cebollas.


(antigua calle Deformes, ahora está el Congreso)


El mediodía llegaba a este barrio alegre y sencillo, la Iglesia de San Juan Bosco aún lucía sus antiguos frisos, arquitectura y su jardín de quietud, antes que el terremoto del 85 la echara abajo sin piedad.

La calle Victoria ofrecía, un día domingo, la única oportunidad de verla en total silencio, los lunes ya comenzaba su trajín de mercaderes árabes y sus tiendas de camisetas y calzoncillos largos, las viejitas de peinado lacado siempre abrían puntualmente; mientras limpiaban las miles de cajitas de botones de colores, cintas y agujas. Los españoles lustraban sus zapaterías olorosas a cera y en los emporios, se cortaban trozos de queso, se esparcía de aserrín la entrada y se ordenaban los dulces de anís y los de violeta que costaban un peso (!).


(tipo de emporio porteño, hoy quedan ....dos?, foto de la web )

Pasaba lento el día domingo en mi barrio, pero así era la vida... lenta y dulce como el olor de los kuchenes de mi abuela, la siesta nos preparaba para una nueva semana de exigencias escolares, mientras nos almidonaban los cuellos de las camisas.....

martes, 10 de febrero de 2009

Nómades del mar




Apenas cruzo el Canal de Chacao comienzo a sentir una paz inmensa, todo es azul, salvaje y apacible a la vez. Adivino delfines y un viento suave e insolente.
Piso la más grande isla chilena y de inmediato respiro de otra forma. Todo es cálido: los trigales rubios que se mecen con el suave viento matinal, las casitas con tejas desgastadas por la lluvia que intuyo, inclemente en el invierno. Por las ventanas cuelgan cortinas de crochet, hiladas dulcemente en las tardes tranquilas del sur, en la cocina huele a pan recién hecho, a tortillas y papas asadas.
Respiro lo más profundo que puedo, quiero impregnar mis intestinos y pulmones con esa materia transparente y olorosa de este aire. Huele a maderas perfumadas, a nalcas verdes y frondosas, a eucaliptus, a leña, a mar.



Una niebla suave llega al pueblo, humedece los prados y las tejas, las ventanas se tornan naranjas, el humo de las chimeneas comienza a salir.... llueve suavemente en pleno verano.




Camino sin rumbo, camino, imagino que me miran de las otras islas, esos hombres del sur que ya desaparecieron. Leo por ahí que las antiguas etnias del sur extremo desaparecieron más que por el alcohol y las enfermedades, porque aprendieron a mendigar de los blancos. Se les aquietó el alma, perdieron el instinto de caza, la lucha por sobrevivir, bastó con levantar la mano y recibir tabaco, alcohol y ropa. Onas y alacalufes desaparecieron.

Aunque no estoy tan al sur, me los imagino en estos bosques como catedrales, caminando libres en la humedad y el frío, disfrutando del mar y su generosa ración de cada día, del sol, de las raíces y las hojas. Achao, Dalcahue, Quemchi, San Juan, Tocoihue , quedan en mi recuerdo como un paréntesis de paz y alegría antes de volver a la urbe desolada y gris.

domingo, 11 de enero de 2009

Oráculos y sincronías



"Deja que la existencia siga su curso..." me dice, de pronto, esta viejita chica, arrugada y vestida de túnica lila y flores chillonas. Se ríe . Me río. Todo es raro. Saco una carta con una diosa de origen nórdico (Freya) , me habla de dar rienda suleta suelta a la creatividad y el eros, me incomodo. A nadie le puede gustar que le hablen de Eros ante desconocidos, no?. Sonríe y me habla de los milagros del universo, del abandonarlo todo, de volver a empezar. "Yo era lo que tú eras, sabes? y me aburrí de mentir", me explica.
Y sí, yo también estoy aburrida de mentir y mentirme. ¿Hace cuánto tiempo que esto se transformó en un escenario? no lo recuerdo.... ¿hace cuánto tiempo que los otros pasaron a ser fantasmales siluetas, con voces distorsionadas y risas absurdas?. La viejita chica y arrugada toma su mochila y corre por la ciudad, me pide que nos volvamos a ver.... que por algo hoy, hicimos conexión....

lunes, 8 de diciembre de 2008

Tardes sepia

Tengo un millón de tardes sepia coleccionables.
Algunas de ellas se escribieron con frío, con gotas de lluvia, cayendo sobre vidrios empañados, tazas de chocolate caliente, cerámica gres y galletas de avena.
Una tarde-noche de lamparitas amarillas, wafles y balcuceos infantiles.
Hay una tarde sepia que recuerdo sentada frente a una calamina roída por el óxido y el sol castigador de la antenoche.
Hay una tarde de caminata frente a un farol rojo y una puerta en miniatura que sólo se atraviesa, curvándose.
Hay una tarde suave antes del verano: unos cuantos mojitos, unas luces de neón y una aventura que no contaré.
Hay otras tardes de narguiles, incienso y más gotas frías sobre una galería envejecida.
Unas cuantas temporadas de escaleras sin destino, de música callejera y de azoteas libres para almas también libres. Hay tardes de desayunos y toldos multicolores, donde múltiples idiomas me llevaron al mundo sin fronteras.
Tengo muchas tardes sepia que puedo apretar y rearmar, en una sola sola tarde absolutamente perfecta.

miércoles, 3 de diciembre de 2008


Su mujer sabe que él le hizo el mayor regalo que estaba a su alcance durante esa noche tormentosa y oscura como el alma de un demonio.

Por ello, tras la tristeza definitiva y absoluta que siguieron al accidente, sólo pudo someterse a su
maldito destino de viuda, a su futuro hábito de mirar para siempre la costa y el mar revuelto de designios y guiños.

¿Cómo habrá sido? ¿cuánto habrá luchado?, ella nunca lo sabrá, obviamente intuye que fue una dura lucha con las olas, el viento y el timón que nunca más obedeció sus órdenes, prefiere intuir eso cada vez que ve a sus hijos y sus nietos, que tendrán el mismo futuro arrancándole limosnas al mar ... cada vez más esquivo y silente.

Por eso, ella no le cede espacio a la pena y se sobrepone. A diferencia de las otras viudas, ella recibió el cuerpo de su marido atado a la proa de la embarcación, en su último instante de lucidez y resignación.

Viejos amigos

Mr. Gris toma su copa con seguridad y desafío, ha sido un día agotador .... otro día más.
Ha enumerado las letras y palabras... ha hablado con poderosos, ha hecho temblar a algunos, ha descubierto mentiras, ha sorteado la maraña de códigos .... otro día más
Detrás de sus gruesos lentes se asoma un rostro duro, casi sin expresión, que curiosamente se ha mantenido así, aún pasen los años.

Da lo mismo si antes era en una plaza, un muelle o un acantilado, da lo mismo que ahora sea sobre una mullida alfombra granate y el sonido de tacitas de café estallando sutilmente al compás de la tarde tediosa. Otro día más de sobrevida, pienso, piensa.

Otros días, lo veo caminar obcesionado, le gusta recorrer antiguas estaciones de trenes abandonadas, camina y camina, no mira nadie, solo, siempre solo.

Encuentro a Mr. Gris con copa en mano con su sonrisa de utilería y su mirada que nunca será dulce, pero que jamás albergará maldad....

¿Cómo te sobrepones? le pregunto.....: "Nunca lo hago" y sonríe....