lunes, 8 de diciembre de 2008

Tardes sepia

Tengo un millón de tardes sepia coleccionables.
Algunas de ellas se escribieron con frío, con gotas de lluvia, cayendo sobre vidrios empañados, tazas de chocolate caliente, cerámica gres y galletas de avena.
Una tarde-noche de lamparitas amarillas, wafles y balcuceos infantiles.
Hay una tarde sepia que recuerdo sentada frente a una calamina roída por el óxido y el sol castigador de la antenoche.
Hay una tarde de caminata frente a un farol rojo y una puerta en miniatura que sólo se atraviesa, curvándose.
Hay una tarde suave antes del verano: unos cuantos mojitos, unas luces de neón y una aventura que no contaré.
Hay otras tardes de narguiles, incienso y más gotas frías sobre una galería envejecida.
Unas cuantas temporadas de escaleras sin destino, de música callejera y de azoteas libres para almas también libres. Hay tardes de desayunos y toldos multicolores, donde múltiples idiomas me llevaron al mundo sin fronteras.
Tengo muchas tardes sepia que puedo apretar y rearmar, en una sola sola tarde absolutamente perfecta.

2 comentarios:

Manuel dijo...

Recuerdo bien esa tarde de la galería vidriada, el narguilé, la lluvia, el vapor de la taza, el mar negro al fondo.... recuerdo otras tantas tardes de caminatas, en el café de Iris y otros refugios que hemos encontrado en el camino de esta amistad! Besos!!

gonzalo dijo...

soy amables tus tardes.